¿UNA MALDICION?
Por
Akai... César Augusto
Ranma 1/2 fanfic
Ranma, Akane y todos los demás
personajes. (c) Takahashi Rumiko
CAPITULO III: El origen
Transcurrieron
los días, y pronto se convirtieron en semanas, nunca antes se habían ausentado
tanto, los chicos ya comenzaban a preocuparse, ocasionando que perdieran el
control y su concentración no fuese la normal.
- ¡No, Ranma! -se oyó el grito
desde el Doujou.
- ¡Si no te puedes concentrar, mejor no me estorbes! -fue la
única respuesta.
- ¡Tú eres el que me está estorbando a mí! -gritó la chica,
que se ponía nuevamente en posición de ataque- ¡Si vamos a seguir así, mejor no
seguimos entrenando!
Los otros chicos que se encontraban con ellos, se les
quedaron mirandofijamente, pero no hicieron nada por detenerlos, ellos también
estaban exhaustos y preocupados.
- ¡Mira, no hay nece...!, ¡Waaag, está fría!
-de pronto la voz masculina cambió a la de una chica- ¡Abuela! ¿Por qué me
moja?
- Debes de conservar la calma Ranma, sino no podrás hacerle frente a
ese chico.
- Es cierto Ranma, él es más fuerte y poderoso que tú.
El chico
ya no contestaba, pues comenzaba a creer lo que los dos únicos oponentes de
Rikio le decían.
- Sus ataques son sorpresivos y aprende rápidamente las
técnicas de los demás, -decía la anciana-, me sorprendió mucho cuando aprendió
El Rugido de León de Ryouga, y más aún, fue más poderoso.
- Tenemos que
entrenar en equipo, Ranma -dijo Akane-, recuerda que él no es un oponente
cualquiera, casi mata al Maestro Happosai.
- Tienen razón, pero es frustrante
saber que sólo por ese viejo estemos en peligro de muerte todos sus
discípulos... No quisiera que le pasara nada a Aka... -el chico se
interrumpió.
- ¿Qué dices Ranma? -preguntaron al unísono todos.
- ¡Hay que
entrenar! ¡Vamos Ryouga y Mousse, combatamos! -dijo Ranma al mismo tiempo que
iniciaba un combate entre los tres chicos.
Akane estaba sonrojada, aunque no
había dicho toda la frase, todos sabían a qué se refería.
- Uuyy, Akane,
parece que ya le interesas a tu prometido -dijo burlonamente Nabiki.
-
¡Nabiki! ¡No me molestes! -espetó Akane, mientras salía del Doujou, rumbo al
jardín. Ante la mirada de recelo de Shampoo y Ukyou.
- ¡Oh, Ranma! Cuándo
comprenderás que debemos de pelear juntos, eso me dijo mi mamá... -murmuraba
para sí, Akane.
- ¿Akane, estás preocupada? -preguntó una dulce voz que no
podía ser de nadie más que la de Kasumi.
- Akane-chan, no te rindas, eres el
mejor complemento para Ranma -dijo una voz amable y comprensiva. Al parecer la
madre de Ranma opinaba igual que su mamá.
- Gracias, Sra. Saotome, -dijo con
una sonrisa en su rostro-, haré mi mejor esfuerzo.... pero no deja de
preocuparme lo que dijo el maestro Happosai...
- ¿Qué cosa?
- Él dijo que
Rikio atacaría todo aquel que fuera su discípulo, pero ya atacó a Ryouga...
-titubeo un momento- me pregunto si a Hinako-sensei también la atacará...
-
Quizás no, Akane... ella sólo aprendió una técnica que le enseñó el maestro,
pero no es combatiente...
- Pero sería bueno avisarle...
La sombra
desde un árbol acaba de inquietarse, ¿quién es esa Hinako?, así que el maestro
tiene otra discípula y está aquí... será mejor hacerle una visita. Se dijo a sí
mismo, por ahora dejaré a estos niños, y, quizá, regrese el maestro con sus dos
discípulos favoritos, entonces arreglaremos cuentas.
Mientras, esa Hinako se
llevará una sorpresa, jajaja.
Rikio se alejó silenciosamente, tal y como
había llegado, sin que nadie lo notara. Los chicos seguían entrenando, sin saber
que habían sido espiados por su enemigo.
KANAZAWA
El basto mar
siempre había sido su aliado, su medio de sustento y, gracias a la tierra, y al
sagrado Don que Kamisama le había dado, su familia podía sobrevivir. Los peces y
el poco arroz que podía sembrar, eran suficientes para mantener a su familia.
Así había sido por siglos desde que su familia se asentara en aquella región,
cerca de Toyama.
Su vida era placentera, no tenía ni una queja. Y, para
terminar de llenar su felicidad, su amada esposa estaba a punto de dar a luz a
su primogénito.
Su dicha estaba completa, aquél niño era una nueva bendición,
como había sido desde tiempos ancestrales, y, de acuerdo a su tradición, bautizó
al niño con su nombre ancestral: Rikio Mitsuo.
En una tropical región,
cerca de la Bahía de Toyama, un hombre se encontraba nervioso, aunque complacido
y feliz, hace mucho que esperaba este evento y lo deseaba más que nada en el
mundo, pensaba si su padre se había sentido igual. Tenía en la mano una pequeña
pulsera, formada de varias piedritas brillantes, pero tenía una en especial, una
extraña
piedra negra, que brillaba que relucía sin necesidad de mucha luz,
tenía grabado un par de ideogramas. Esos ideogramas que había llevado él mismo
desde el día en que nació, un regalo por parte de su padre.
El hombre
esperaba impaciente, hasta que oyó el llanto de un bebe, sin duda, era el de su
hijo que acabada de nacer. Se apresuró a ponerse de pie y se encaminó al
interior de su casa. Dentro, tendida sobre un camastro estaba su linda esposa,
Konatsu, y a su lado un par de señoras de la aldea. Su mirada se movió de las
mujeres hasta que encontró la tierna
mirada de su amada esposa, ella sonrió y
de entre las mantas, desenvolvió al pequeño recién nacido, ante la alegría y
furor del padre.
- Mi...hijo... -el hombre tomó en brazos al pequeño y lo
atrajo a sí,
besándolo y derramando unas lágrimas sobre su delicada
cabecita.
- Sí, Anata, es nuestro hijo, pero....- la mujer no
continuó.
Rikio Mitsuo tomó la pequeña pulsera y el tierno brazo de su hijo,
la ató y rezó una pequeña oración, el silencio del cuarto era penetrante, no era
permitido el más leve suspiro. Konatsu veía a su esposo, estaba feliz, pero a la
vez temerosa, ¿lo sabrá?, era su único pensamiento.
Al terminar, Rikio puso a
hijo delicadamente de nuevo en los brazos de su madre, tomó las manos de
Konatsu, permaneció un momento meditando y, con un cierto nerviosismo,
pronunció:
"¡Oh, Dioses Poderosos, he aquí a mí primogénito, tengan el Don de
darle la gracia de llevarlo por el camino de la verdad!" -Se detuvo y tomó el
rollo que pertenecía a la familia, lo levantó sobre la cabeza de su pequeño hijo
y continuó: "Hoy sigue la dinastía Rikio, has de grabar su nombre en este rollo,
que ha seguido nuestra familia desde antiguos tiempos. Hoy, tú, RIKIO OSHINO, te
convertirás en el nuevo heredero de la dinastía y jurarás seguir con nuestras
costumbres y códigos de honor".
Sujetó el bracito del pequeño y, con la
piedra que le había colocado previamente, fue bañada en tinta negra. El rollo
fue sellado con el emblema de su piedra, que tenía grabado su nombre, "OSHINO",
y su minúscula palma, dejando el espacio suficiente para la confirmación, para
cuando Oshino tuviera 13 años.
Rikio, con lágrimas en los ojos, tomó a su
pequeño hijo y lo abrazó.
Ante la mirada de Konatsu, a la que el llanto ya la
comenzaba a acoger.
Finalmente, los dos, Rikio y Konatsu, bañaron al pequeño
Oshino, lo secaron y envolvieron en suaves ropas para que, merecidamente,
pudiera descansar. Ante tales ritos, lo sorprendente era la ausencia de llanto
por parte de Oshino, lo que hizo que Rikio se llenara de esperanzas, ante tal
bravura de su hijo. Lo miró, ahí, acurrucado en los brazos de su madre. Mitsuo
le acercó su mano, acariciando su suave y delicada mejilla, con tal ternura que,
en un gesto de correspondencia, el pequeño le sujeto fuertemente un dedo con su
manita, en verdad era una bendición. Mitsuo sonrió y le murmuró.
- Sé que lo
podrás hacer, Oshino, a pesar de tu estado, tengo confianza en ti, eres
valiente.... -Rikio besó una vez más a Oshino y salió de nuevo al campo, había
sido un buen día, a pesar de los contratiempos, pero, sin duda, aún había
esperanzas y mucho trabajo que hacer.
RIKIO-KE
- ¿¡Akane!?
- Parece
tener fiebre, papá. Lo mejor será dejarla descansar. -Dijo Kasumi con una voz
más angustiada que lo de costumbre.
La recostaron en su cama y esperaron
fuera hasta que Kasumi salió de la habitación, con unas compresas mojadas,
acompañada de Nodoka, que se encontraba en la cocina en el momento del
altercado. Se le veía preocupada, pero aún así, tuvo consuelo para la
desesperación de los demás.
- Duerme, aún tiene fiebre, pero parece estar
mejor. Vayan a dormir, nosotras la cuidaremos.
Todos, poco a poco, fueron
retirándose dejando descansar a Akane, al cuidado de Nodoka y Kasumi, que sólo
fueron por más compresas frías.
Genma y Soun fueron a donde estaba el Maestro
Happosai y lo observaron fumando su pipa en la estancia, por experiencia
supieron que algo no andaba bien.
- ¿Qué pasa Maestro? -preguntaron al
unísono, Genma y Soun.
- ¡Genma! ¡Soun! Hay problemas... -el Maestro se
detuvo por un momento- Será mejor que esperemos que Ranma regrese... -terminó
murmurando- si es que regresa.
Genma y Soun se quedaron pasmados, hacia mucho
que no veían al Maestro Happosai comportarse de esta manera, si él decía que
había problemas, es porque un enemigo realmente poderoso acababa de
aparecer.
Ranma corría en medio de la noche, no quería imaginarse qué o
más bien, quién fue el que dejó en el estado tan deplorable en que se encontraba
Ryouga, realmente, ni él mismo lo había dejado en tan mal estado, su pulso
apenas era un leve repiqueteo, además, se le veía en su gesto, que P-chan no se
encontraba en buenas condiciones. Tenía que llevarlo lo más pronto posible a
casa y llamar al Doctor Toufuu para que lo examinara. Pero debía darse
prisa.
Ya pasaba de la media noche, el claro cielo, despejado, como si nunca
hubiera pasado una nube por ahí, era alumbrado por un Luna. El frío comenzaba a
hacer acto de presencia, el fresco viento detuvo por un momento a Ranma. Sentía
una extraña desesperación, además, esa aura que había sentido, al igual que
Akane, se alejaba. ¿Qué relación tendría con el estado actual de Ryouga? Se
preguntó Ranma durante unos instantes, ya habría hora para indagarlo, ahora era
más importante salvar a Ryouga.
- ¡Aguanta, Ryouga!, pronto estaremos en
casa... -Le susurraba al cerdito negro que llevaba en sus brazos, mientras
apresuraba el paso, para llegar lo más pronto posible.
El frío de la noche,
aumentado por la fuerte lluvia que recientemente había azotado a Nerima, ya le
calaba los huesos, y aún le faltaba un tramo para llegar a casa, pero no se
rendiría. La corriente del canal era recia y por poco cae dentro de él, todo por
culpa de una precipitación de agua helada que le bañó y se lo llevó arrastrando
unos metros, estaba exhausto. Al salir de la corriente que lo arrastró, reviso
el estado de su amigo. Estaba bien, aunque su respiración era más
agitada.
Alrededor de la mesa, se encontraban tres de los mejores
maestros del arte de combate musabetsukakutouryuu, se mantenían en
concentración, esperando a que el hijo de uno de ellos volviera. Sentían que era
un nuevo reto, era la hora de demostrar de lo que eran capaces. Por vez primera
no reían, no se durmieron, se encontraban en un estado de
concentración
plena. Pero, cuando oyeron unos pasos provenientes de la parte exterior de la
casa, se levantaron y fueron a recibir al chico.
Al llegar a la puerta,
encontraron a un Ranma totalmente exhausto y en sus manos, aún envuelto, a
Ryouga transformado en P-chan.
- ¡Ranma! ¿¡Qué pasó!? -preguntó Soun, al
momento que ayudaba al chico a ponerse de pie, con ayuda de Genma. Mas el joven
heredero no respondía, su energía estaban escasas y necesitaba descansar un
rato.
- ¡Genma! ¡Soun! -exclamó inesperadamente, y en tono serio, el Maestro
Happosai- llévenlos al Doujou, ahí los atenderemos y descansarán, es hora de que
sepan a quién nos enfrentamos. -Tras lo cuál, tomó al maltrecho cerdito y lo
llevó consigo.
Genma y Soun tomaron cuidadosamente a Ranma y lo llevaron al
Doujou, según la orden del Maestro Happosai. Pasaron por un par de futon y unas
mantas, y un poco de medicina del Maestro. Dejando dormir a las chicas.
Una
vez en el Doujou, tendieron los dos futon y recostaron a los chicos, previamente
habiéndolos regresado a su forma normal. El Maestro encendió un pequeño mortero
y, al agregarle una hierba, el ligero humo que brotaba sería el encargado de
ayudar a que los cansados chicos se recobraran.
- No se preocupen, en un rato
estarán tan vigorosos como siempre -dijo Happosai con una voz un poco lastimosa-
...eso espero, a no ser que les halla hecho más daño que el que aparentan.
-
¿Maestro? -preguntaba Soun, que se veía visiblemente anonadado, a diferencia de
Genma que se había mantenido muy callado. Mas Happosai parecía no oír.- Maestro
Happosai... -inquirió Soun, llegando a tomar del hombro a Happosai para llamar
su atención.- Maestro ¿qué pasa? Nosha traído en misterio desde hace rato y
ahora espera que los chicos
no hallan sufrido mucho daño, ¿Quiénes cree que
fueron?
- No, Soun. No, quiénes, sino quién. Es una sola persona...
- Pero
Maestro, una sola persona no hubiera dejado en tal estado a los chicos
-interrumpió Soun, en tono incrédulo-, ellos son muy vigorosos, jajaja,
¿verdad?, Saotome...
- Te equivocas, Tendou. Aquí hay algo más, nadie puede
dejar a mi hijo, o a su amigo Ryouga, fuera de combate tan fácil, a menos que...
-Genma se detuvo, pensando en la persona capaz de derrotarlos.
- A menos que,
qué..., Saotome, vamos, dígame...
- A menos que... sea alguien con el poder,
la fuerza y el ki del Maestro Happosai. -concluyó Genma, y señaló a su anciano
maestro.
- Eso es correcto, Genma. Me sorprendes. Veo que, en verdad, has
progresado mucho -dijo Happosai, deteniéndose un momento para tomar su pipa-,
más te equivocas al creer que yo preparé todo para probar a Ranma. En realidad,
nos estamos enfrentando a un antiguo discípulo enemigo, aunque aún no sé por qué
atacó a Ryouga...
- ¿Un antiguo discípulo?
- Es verdad, yo he tenido
varios discípulos, entre ellos a Rikio Mitsuo. -hizo otra pausa, ante la mirada
atenta de Soun y Genma, que estaba a la expectativa- Me salvó la vida y yo le
enseñé mi estilo de pelea, pero... al final... -Happosai cerró los ojos y bebió
un poco de té, se veía intranquilo- Verán, todo empezó cuando....
------------------------< H
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Me encontraba en uno de mis viajes
de entrenamiento, acababa de regresar de China, cruzando el Mar de Japón, llegué
a la región de Chubu, prefectura de Toyama.
Seguí el camino que me traería
Toukyou, cruzando las montañas de Nagano. Era época de frío, ya había nevado
unas veces, por lo que el camino era difícil. A pesar de todo, yo seguí.
Ya
llevaba casi dos semanas desde que había dejado la última región poblada, cuando
me sorprendió una fuerte tormenta. Ande lo más rápido que pude buscando un
refugio, algún árbol hueco o una cueva, pero no lo podía ver más allá de un par
de metros. Gracias a mi ki, pude andar varias horas bajo tremenda tempestad,
hasta que me estrellé con un robusto pino, haciéndome caer cuesta abajo, varios
metros.
Unos espinosos arbustos detuvieron mi declive, así permanecí unos
minutos, era irónico, hacía mucho que no me vencía un oponente, y ahora estaba a
punto de sucumbir ante una ventisca.
Estaba perdiendo el conocimiento, era el
paso al umbral de la muerte; era el fin. Pasaron ante mí varios recuerdos de mi
juventud, sonreí.
Un instante antes de desfallecer sentí, más que ver, como
unas manos me soltaban de entre las espinas, me levantaron y me envolvieron con
una manta. No supe que pasó entonces, hasta que desperté en una vieja cabaña,
donde ardía un pobre fuego.
- Espero que se sienta mejor, Ojiisan -dijo
una voz masculina que provenía de más allá, a su espalda.
Happosai abrió un
poco más los ojos, estaba recostado a un lado del fuego, trato de hablar, pero
no pudo articular palabra. Se toco el cuello, estaba vendado.
- No se
esfuerce, Ojiisan -se apresuró a decir la misma voz-, se ha lastimado el cuello,
afortunadamente sólo está inflamado, por eso no puede hablar.
El dueño de la
voz se acercó donde estaba Happosai y se sentó a un lado de él, junto a la vieja
chimenea.
- Es una suerte que lo encontrara; la tormenta arreció poco después
que llegamos aquí -volteó para ver a Happosai, que tenía una cara de
agradecimiento, pero también de interrogación.- ¡Oh!, perdón, Ojiisan, no me he
presentado. Rikio Mitsuo, Hajimemashite. -Dijo, lacónicamente, el hombre,
inclinándose ligeramente, en señal de respeto y continuó bebiendo su
té.
Pasaron tres días, hasta que la tormenta cesó y las heridas de Happosai
fueron recuperándose, volviendo a ser un viejo vigoroso y bromista. No podían
esperar más, antes del medio día, partirían hacía Kanazawa.
- ¡Vaya!
Happosai-san, si que se recupera rápido usted -dijo Rikio muy sorprendido.
-
Sí, Rikio. Es gracias a mi ki, que se ha ido fortaleciendo a lo largo de los
años, en mis largos viajes de entrenamiento.
- Ya veo. -Dijo de forma
cortante Rikio, estaba preocupado. -Será mejor que me apresure, nos espera un
largo viaje.
Rikio se levantó y preparó su mochila. Pasaban de las 10 horas,
era una mañana fría, pero despejada. Debían aprovechar la calma que en estos
momentos se suscitaba.
Cerca de las 11 horas, Rikio tomo su mochila, se paró
en el umbral de la vieja cabaña que les había servido de refugio, contempló el
paisaje, de ahí hasta donde lograba distinguir su vista, estaba totalmente
blanco, un blanco puro y limpio, pero también mortal, no sabían que trampas les
podía jugar la montaña. Volteó y se dirigió a Happosai.
- Venga conmigo,
Happosai-san, si somos dos el viaje se hará más fácil.
- He viajado mucho
tiempo, entrenando y he pocos discípulos a quienes dejarles mi legado.
-
Señor, -dijo respetuosamente Rikio, postrándose ante Happosai- sería un honor si
me convierte en su discípulo. Yo tengo un legado ancestral, desde que mi
antepasado Rikio llego de China, donde fue enseñado por los Grandes Maestros de
las Artes. Generación tras generación se han ido aportando nuevos estilos y
técnicas que han enriquecido nuestro legado. -Se incorporó y continuo- Ahora,
Kamisama lo a puesto en mi camino para que me llene de su sabiduría y
enseñanzas. Espero ser digno.
Ante un código de honor como el que estaba
presenciando, Happosai se quedó, momentáneamente, sin habla. En todos sus
viajes, nunca había conocido a un guerrero tan noble como este, seguramente su
linaje provenía de los antiguos Samurai, quizá algún Ronin.
- Muchacho, -dijo
por fin-, en verdad que será un gran honor para mi.
Ambos se saludaron
respetuosamente y, en un pergamino, ambos sellaron su pacto-compromiso de
Discípulo-Maestro, estaría vigente hasta que el discípulo venciera a su
Maestro.
Partieron inmediatamente, el camino era largo y no había mucho
tiempo, la vida de Konatsu aún peligraba. El viaje no fue pesado, no tardaron en
bajar de la montaña y seguir el camino hacia Kanazawa, cruzando Gifu. Viviendo
de la caza y pesca en algunos estanques. No tardaron en llegar a la aldea de
Rikio, donde le esperaban con impaciencia.
Konatsu aún vivía, pero estaba
grave. La anciana de la aldea tomó un puñado de las raíces que Rikio había ido a
conseguir en las montañas. Preparó un brebaje y se lo dio a Konatsu a beber.-
Bebiéndolo todos los días, pronto mejorará -dijo, al momento que salía de la
casa.
- Okagesamade, Obaasama -dijo respetuosamente, con una lágrima en los
ojos, y tomando la mano de su esposa repitió, mirando al cielo.-
Okagesamade.
Cuatro meses después, la dicha congraciaba a la familia
Rikio, Konatsu ya estaba recuperada del todo y Rikio tenía cada día grandes
pescas, además de progresar mucho en las enseñanzas que Happosai le daba.
Perfeccionando muchas técnicas que sus antepasados le había heredado, inclusive,
algunas de las que Happosai le enseñaba.
Happosai estaba sorprendido, no
contaba con que ese muchacho tuviera tanto talento y poder, seguramente, en un
combate serio y peleando con toda su fuerza, sería un oponente formidable y
difícil de enfrentar. Sin embargo, su código no le permitía expulsar todo su Ki,
a menos que fuera necesario.
A cada día que pasaba, Happosai fue dejando
de entrenar a Rikio, ya no tenía mucho que enseñarle y estaba a punto de
alcanzar su nivel. Por lo que se decidió comenzar con su entrenamiento especial
aparte. Unos meses después, comenzó a circular la historia de que la aldea era
atacada por ladrones, estaban desapareciendo sake y la ropa íntima de las
mujeres. Nadie sabía cómo, sólo se sabía que eran rápidos, ya que también
atacaba a plena luz del día, sin que alguien pudiera verlos.
Ante los hechos
que acontecían, y por su fama de ser una peleador muy fuerte, se le fue
designado a Rikio la misión de rastrear y atrapar a los ladrones.
Pasaron los
días y la situación no mejoraba, los robos seguían cada vez más frecuentes. Las
mujeres ya temían salir a la calle. Una noche, una mujer llegaba del mercado
cuando vió una silueta que corría por una barda, llevando un bulto tras de sí.
Temerosa, la siguió unos metros y vió que se dirigía al Oeste de la
población.... eso significaba que sólo podía ir a
una lugar....
A las
primeras horas de la mañana, Rikio llegó de su ronda nocturna, dejó su chouchin
sobre la mesa y tomó su red para ir de pesca. Al salir se encontró a Happosai
que dormía plácidamente al pie de un árbol, lo cubrió con una manta y se dirigió
a la hortaliza, ahí encontró a Konatsu, le avisó de su llegada y que iba a
pescar. Le dio un beso y se dirigió a la
bahía.
A medio día, Rikio de
regresaba casa con una red repleta de pescados, se le veía feliz. Se detuvo, y
dejo caer la red, de la que saltaron algunos pescados, no lo podía creer, su
casa estaba destruida, como si una banda de ladrones hubiera irrumpido, corrió a
buscar a Konatsu, pero sólo entró a Happosai, que lloraba en un rincón.
-
¡Maestro Happosai! ¿qué pasó? ¿Dónde está Konatsu? -preguntó, acercándose al
maestro.
- Se la llevaron, Rikio... -Happosai no dejaba de llorar.
- ¿Pero
por qué se la llevaron? ¿Quién se la llevó? -Rikio lo sacudió violentamente-
¡Maestro conteste!
- ¡Deja al anciano, Rikio! -Se oyó una voz de fuera.
-
¡Sonchou! ¿Qué pasa?
- No finjas Rikio, ahora ya sabemos por qué este ladrón
era tan astuto. Sólo alguien con habilidades especiales podría moverse tan
rápido y escabullirse, y por alguna extraña razón usted no lo había
atrapado...
- Está insinuando que...
- Este anciano ya lo confesó todo,
Rikio -dijo señalando a Happosai.
- Maestro, ¿a qué se refieren? -preguntó
Rikio, ante la mirada de desaprobación de Happosai- ¿Maestro?...
- Deja al
anciano, Rikio y ven con nosotros pacíficamente...
El hombre no terminó de
hablar. Cuando de repente, Rikio se abalanzó hacia el maestro, con una furia
incontrolable. Tomándolo por del cuello, lo arrojó hacia la pared.
- ¿Cómo se
atreve a inculparme? -preguntó mientras se acercaba, nuevamente, a Happosai.
Rápidamente dos de los policías trataron de tomarlo de los brazos, pero fuero
expelidos por el aire y rebotaron en una pared, quedando inconscientes-.
¡Ustedes no se entrometan!
- Muy bien, Rikio! ¡Nadie desafía a Happosai a un
duelo!
El anciano dio un salto y se abalanzó hacia Rikio, golpeándolo, con su
pipa, en el cuello y mandándolo afuera de la casa de una patada. Happosai salió
y brincó al tejado, y expandió su inmenso Ki, separó los brazos y soltó un par
de ráfagas de energía.
- ¡¡Garra de tigre!!
Rikio se incorporó de un
brinco y evitó una de las ráfagas, la otra le rasgó su brazo izquierdo,
brotándole un chorro de sangre, pero pudo llegar al tejado, enfrente de
Happosai. Juntó las palmas de las manos e hizo un último saludo, cerró
brevemente los ojos. Un instante después, al abrir los ojos, su Ki igualaba al
de Happosai.
Rikio se acercó a Happosai, tirándole una patada al cuerpo, pero
Happosai la evitó agachándose, y estiró el brazo, golpeando la pierna de apoyo
de Rikio, obligándolo a dar unos saltos para atrás y evitar la
caída.
Happosai se lanzó, girando velozmente, hacia Rikio, pero éste chocó
sus puños, creando una barrera de aire cuando ya tenía enfrente a
Happosai.
Haciéndolo caer a los pies de Rikio, el cuál le propinó unas
patadas, bloqueadas por Happosai, ayudado de su pipa, moviéndola incesantemente;
tratando de escabullirse, Happosai arrojó la pipa al estilo de un boumerang,
distrayendo lo suficiente a Rikio para levantarse y golpearlo en el pecho y
brincar hacia atrás. Rikio extendió el brazo e interrumpió el curso de la pipa
del maestro, que cayó de seco a unos pies de los policías que miraban desde el
piso.
- Tenemos que detenerlos, antes de que lleven su lucha al
pueblo...
- ¿Pero cómo? -Preguntó uno de ellos.
- Tal vez, yo sé cómo...
-Se acercó a sus compañeros y les explicó el plan.
Rikio estiró sus
brazos, extendió las palmas y lanzó una pequeña esfera de luz, que se acercaba
lentamente a Happosai. Éste salto, pero la esfera se desvió y lo siguió, al ver
esto, se dejó caer, pero la esfera también lo siguió, así que se quedó parado,
esperando a que se aproximara. Happosai hizo hacia atrás el brazo, para disolver
la energía de la esfera, y la
golpeó de llano, pero al dispersarse la
energía, se formó un deslumbrante resplandor. Rikio aprovechó la oportunidad y
se acercó rápidamente a Happosai, que había quedado momentáneamente ciego, y lo
tomó de cuello, alzándolo violentamente.
- Jajaja, Happosai, no eres más que
un viejo decrépito, -le decía, mientras le apretaba fuertemente el cuello-, y
hoy, vas a morir.
Rikio enfiló su mano y se preparó para golpear en el
corazón al anciano...
- ¡¡No, Anata!! -se oyó el grito de una mujer, que
Rikio reconoció inmediatamente.
- Konatsu...
- ¡No lo hagas! ¡Eres
inocente, y toda la aldea lo comprobará, pero si matas al anciano, serás
culpable!
Rikio agachó la cabeza, Konatsu tenía razón, soltó a Happosai que
rodó por el tejado y cayó al suelo, asfixiándose. Rikio bajó de un salto y
abrazó a Konatsu.
- Tienes razón, me presentaré ante el Sonchou y el pueblo.
Será lo mejor.
Un par de guardias se postraron a su lado y lo escoltaron
camino a la aldea. Rikio pasó a unos pies de Happosai que permanecía sentado,
aún tratando de recuperarse.
- Happosai, será mejor que se vaya de mi casa,
-dijo Rikio-, y se esconda, porque si lo llego a encontrar o a uno de sus
discípulos, será su fin. ¡Usted ha deshonrado el nombre de mi familia! -Alcanzó
a gritar desde lo lejos, dejando a su esposa y a Happosai atrás.
Happosai
se incorporó, volteó la mirada a Konatsu, que lo observaba con unos ojos fríos,
ya no era bienvenido, lo mejor era seguir el viaje. Tomó una manta y recogió su
pipa, y salió corriendo hacia las montañas...
Konatsu entró a la casa y
tomó unos papeles, para salí en dirección hacia el pueblo, debía estar con su
esposo.
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(Una silueta corría entre las calles
húmedas de Nerima, se dirigía hacia el Norte. Aunque parecía correr
solitariamente, parecía que le hablaba a alguien, gritando constantemente.
-
¡Cállate! ¡Cállate! ¡Déjame en paz! -gritaba, sin dirigirse a nadie.
Corría
lo más rápido que podía, con gran habilidad esquivaba los árboles, hasta que
tropezó ligeramente con una raíz; trataba de agotarse, sin mucho éxito; aún
podía correr, sin sentir mucho cansancio, su entrenamiento había sido bueno. Se
quedó tendido en el suelo, sentía la humedad de la hierba, el olor fresco del
bosque; trataba de recordar, pero su mente estaba en blanco. Cerró los ojos para
calmarse, a lo lejos oía el ulular de un ave, y sentía el aire en su
espalda.
Se incorporó y caminó unos pasos, sentándose al pie de un alto
árbol, sacó el pergamino que le diera su padre, aún quedaban dos nombres,
Saotome y Tendou. Además de tener que encontrar, también, al maestro
Happposai.
Recordaba las palabras de su padre: "encuéntralos, Oshino, y acaba
con ellos", pero nada sabía de Happosai y de Saotome, los había buscado por
mucho tiempo, sin éxito.
- Bueno, por ahora lo mejor será ir a visitar a
Tendou, seguro él sabe dónde se encuentran ese maestro y el tal Saotome. -Se
dijo para sí, guardó el pergamino y se adentró en el bosque-. También están esos
niños chinos que estaban con la anciana, ellos no tienen nada que ver con
Happosai, pero están dispuestos a acabar conmigo... más les vale que no se
interpongan en mi camino o morirán. -Se cubrió con su capucha-. Lo mejor será
descansar y
recuperarme de la pelea que tuve con esa tonta anciana... -se
detuvo y sintió como si se contemplara a sí mismo-, además, debo de meditar lo
que me dijiste baka... No sé por qué te entrometes en mis asuntos...
Siguió
su paso hacía el bosque, como si estuviera hablando con alguien, hasta que se
perdió entre la espesura.)
- Para Rikio, el sentido del honor es más
importante que la vida misma, por ello me ha venido persiguiendo desde el más
lejano oriente....
- Pero ¿por qué estamos en peligro, Maestro? -preguntó
Soun.
- Rikio prometió acabar con todos mis discípulos... esa sería su forma
de destruirme... y ustedes dos son los dos últimos que faltan. Además de que
ustedes son los mejores.
- ¿Y Ryouga, Maestro? Él no es su discípulo
-intervino Ranma, que había despertado a mitad del relato.- ¿Por qué lo
atacaron?
Happosai permaneció en silencio, fumaba pausadamente, exhalando
nubecillas de humo. Ranma, como su padre y el Sr. Tendou, estaba sorprendido.
Nunca habían visto al Maestro Happosai tan serio, desde el momento en que estuvo
apunto de morir. El silencio sólo era cortado por la brisa de la madrugada, que
arrastraba las hojas, y el intenso goteo, prueba de la reciente lluvia.
-
¿Ryouga..? -dijo de repente Happosai-. No lo sé... -dudó por un instante- pero
puede tener una razón...
No le creyeron, sabían que algo ocultaba.... estaban
a punto de interrogarlo cuando, inesperadamente, oyeron la voz de
Nodoka...
- Señores, Akane-chan tiene algo que decirles, y parece
importante...
AKANE NO YUME
¡Ranma!.... ¡No te vayas! Ante sus
suplicas, la imagen del chico se le aparecía, pero al momento de correr hacia
él... se alejaba... no podía alcanzarlo y volvía a desaparecer.... apareciendo
un poco más lejos.
Era un lugar extraño, totalmente obscuro, pero aún así,
veía algunas siluetas, que se transformaban en fugaces imágenes de varias
personas.
Ranma, Papá, Kasumi, Nabiki, P-chan.... ¿Mamá?....sin embargo,
siempre pasaba lo mismo, al tratar de tocarlas, desaparecían instantes antes de
palparlas.
- Parece que la fiebre aumenta, Kasumi-chan. -La voz de Nodoka
parecía preocupada.- Pásame otra compresa.
- ¿Dónde estoy? -gimoteaba-
¿Por qué me dejan sola? -sentía como unas cálidas lágrimas resbalaban por su
mejilla; se palpó su rostro y se dio cuenta que estaba seco, no habían lágrimas,
pero, aún así, las sentía.
Se incorporó, últimamente había dependido mucho de
Ranma, no es que ella no pudiera con sus adversarios, sino que sentía que si
apoyaba al chico, pronto la aceptaría, además, era maravilloso que se preocupara
por ella y acudiera a su rescate cada vez que la atacaban.
Ando unos pasos,
el lugar seguía obscuro, pero no le era extraño, sentía como si ya hubiera
estado ahí. A lo lejos vio una mortecina luz que sobresalía, se dirigió hacia
ella. A pesar que había andado bastante, no parecía que fuera llegar a aquél
lugar. Se detuvo y contempló la luz, su resplandor no se había modificado en
nada, y seguía igual de pequeña y lejana, como cuando la vio por primera
vez.
Se abalanzó corriendo hacía ella; corría como nunca, pero no lograba
conseguir ni un avance. Su único pensamiento era que ahí debería de haber algo
que la ayudara, quizás hasta ahí estuviera Ranma, su Papá y los demás, debería
de llegar lo más pronto posible.
Sonrió. La luz comenzó a hacerse más
brillante, ya no era sólo una luz, ahora se vislumbraba un lugar, un lugar que
ella conocía muy bien... era...
era su casa. Sí, y ahí estaba su Papá y el
Sr. Saotome jugando shogi, y ese chico que entrenaba tenía que ser.... Sí, es...
-¡Ranma!- gritó con todas sus fuerzas, pero parecía no oírle.
- ¡Ranma!
¡Ranma! -seguía llamándole, pero aquél chico no volteaba. Ya la separaban sólo
unos cuantos metros, cuando cayó aparatosamente, dando un par de volteretas en
el suelo, para quedar boca a abajo, viendo directamente a la que parecía ser su
casa. Ahí, nadie se había dado cuenta de su caída. Se incorporó, pero no siguió
su marcha, al contrario, se quedó paralizada, como si supiera que algo iba a
pasar.
Alguien llamó a comer, se oía su melodiosa voz desde lo lejos. Se
quiso acercar, pero una barrera invisible se lo impedía. Se limitó a observar;
al ver como todos se reunían en la mesa, vio, por primera vez la dueña de esa
preciosa voz, era su Mamá. Nuevamente unas lágrimas corrieron por
susmejillas.
- Tranquila, pequeña -consolaba Nodoka a una
inconsciente Akane-, nosotras te cuidaremos. -Akane convulsionaba, como si
estuviera teniendo una horrible pesadilla.
- ¡Mamá!... -Trataba de gritar
lo más fuerte que podía, sin embargo, no emitía más que un leve murmullo. Al no
poder comunicarse, siguió contemplando la escena. Algo no estaba bien; ya
estaban sentados todos, faltaban sólo ella y el maestro Happosai. Se asustó al
ver que nadienotaba su ausencia, por lo que comenzó a gritar de nuevo.
-
¡¡Mamá, Papá, Onee-chan, Ranma, Sr. Saotome, Sra. Saotome!! -No sucedía nada,
ellos continuaban comiendo. Y no podía oír lo que decían, estaban muy lejos.
Inició la búsqueda de una abertura o una entrada, cuando...
Se quedó pasmada.
No daba crédito a lo que acaban de ver sus ojos. Una sombra, como la que había
sentido, caminaba lentamente en dirección a donde estaban comiendo los demás.
Ella trató de advertirles, pero no la oían.
- Pero....pero, que es lo
que lleva en la mano... -No lo distinguía con claridad- Parece.... parece una
persona... ¡Aahh!, es...
La sombra arrojó el cuerpo ensangrentado del Maestro
Happosai, enfrente de donde estaba comiendo las dos familias.
- ¡Soun!
¡Genma! ¡Ranma!..... auxilio... el es... -trataba de decir el Maestro, cuando
escupió sangre- ....es muy fuerte...
- Tendou, parece que ese sujeto acabó
con el Maestro, nosotros tendremos que vengarlo. ¡Vamos!
- Si, Saotome.
Ranma, cuida de las chicas y del Maestro.
- Pero... - no pudo decir nada más,
tomó al Maestro y lo llevó con las mujeres. Lo trataban de curar, pero estaba
muy mal herido.
- Ranma... no te confíes... es más... más fuerte de lo que
parece -a cada palabra que decía, se le cortaba el aliento.- Debes
de...saber....que él es... era... mi discípulo.... Por favor... perdónenme...
Por favor, Ra... Ran... Ranma....
- ¡¡Maestro!! -tomó el herido cuerpo de
Happosai en sus manos y unas lágrimas aparecieron en sus ojos.
- Ranma... por
fav..or, enmienda el peor de... mis error...es, y per... done..nm... -Happosai
acababa de morir.
- ¡Maestro! ¡Maestro!... -alrededor de él, las chicas
lloraban y Ranma apenas podía contener el llanto- No se preocupe, Maestro, yo me
haré cargo. Tiene mi perdón. -Dijo solemnemente.
Ranma se incorporó y se
dirigió al lugar donde se desarrollaba la batalla, entre su padre y el Sr.
Tendou, lo habían llevado lejos de la casa, donde no pudiera causar mucho daño a
inocentes. Corrió para alcanzarlos.
Akane, desde donde estaba, lloraba
también, pero al ver que Ranma salía de la casa, trató de seguirlo. Podía correr
tras de él, pero siempre que trataba tocarlo, sentía la invisible barrera. Le
gritaba, pero no obtenía respuesta.
- ¡Kasumi-chan! -llamó Nodoka-
¡Rápido, que Akane-chan parece empeorar!
Llegaron al puente del canal,
ahí abajo estaban peleando. Observó y notó que el Sr. Tendou no estaba en buenas
condiciones, pero aún así atacaba a la sombra con insistencia, aunque sin muchos
resultados. Constantemente era repelido por un fuerte golpe, y era lanzado
lejos.
Su Papá, él si le estaba dando pelea. No se lo podía quitar de encima,
y sus ataques eran poderosos, a pesar que ya estaba convertido en panda. Aún
así, el otro tipo no se veía preocupado, ni cansado. Su aura de pelea iba en
aumento.
Ranma, seguido por Akane, bajaron la pequeña ladera, intentando
acercarse con sigilo, y sorprender a su adversario. A los pocos pasos que dio,
una luz lo cegó por un instante. Se cubrieron los ojos y, por un instante, hubo
un mortífero silencio. Unos segundos después, que a los dos les parecieron
minutos, la luz se desvaneció. Aún así, Akane no podía ver nada, sólo vio que
Ranma se echó a correr.
Ranma vio a su padre, convertido en panda, y que
entre sus brazos, a un lado del canal, tenía a su querido amigo. A pesar que no
podía emitir más que gruñidos, era reconocible que eran de sufrimiento y
lamentación. El Sr. Tendou había muerto.
Nodoka mojó, una vez más, el
trapo en la palangana de agua fría; parecía que Akane, por fin, se sumía en un
sueño tranquilo, había dejado de delirar, pero su temperatura no bajaba. Estaba
inquietamente serena, como si ya no perteneciera a este mundo.
La sombra
se mantenía a un lado, como riéndose para sí, sin embargo, no emitía sonido
alguno, simplemente contemplaba la escena, e hizo una mueca que se asemejaba
mucho a una risa burlona.
El panda, con una notable furia en su rostro, saltó
hacia la sombra, tirándolo y propinándole una serie de duros golpes. Ranma se
acercó a ayudar a su padre. Mientras tanto, Akane acabada de descubrir el cuerpo
inerte desu padre y no pudo controlar su ya prolongada agonía, se dejó caer en
el suelo, cerca de su padre, no entendía que era todo esto, qué estaba
pasando, por qué. Como una marioneta sin hilos, se derrumbó, quedando
consternada
ante lo que veía y que no podía hacer nada. Fijo su mirada en el
vacío, en dirección donde peleaban Ranma y Genma Saotome.
Ambos se
coordinaban a la perfección, sus constantes entrenamientos habían servido de
mucho. Atacaban de frente, con golpes que buscaban el rostro y el cuerpo de su
oponente. No obstante, el extraño se servía de diversas técnicas para repelar
los ataques. Hasta ahora se lo habían mantenido a la defensiva, pero debería de
hacer algo, no parecía cejar, y, al menos Genma, ya se estaba agotando, aunque
sus golpes no reducían su potencia. Seguía
furioso, pues había matado a su
mejor amigo frente a sus ojos.
Esa imagen no la podía borrar de su mente,
ahora mismo, a pesar de su concentración en la contienda, veía una y otra vez
esa misma secuencia. Veía como ese tipo, después de lanzarlos hacia atrás, con
un par de fuertes golpes, levantó su mano derecha y la puso enfrente de su
rostro, murmuró unas palabras sin sentido, extendió el brazo y pareció como si
tomara algo en el ire y lo atraía hacia él. Para concentrarlo en la palma de su
mano y es cuando, uno por uno, cerrando sus dedos, comenzó el repentino
resplandor; y al cerrar el puño, la luz se hizo más brillante, capaz de cegar, y
le lanzó toda esa luz que acumulada, hacia Soun, quien por cubrirse sus ojos, no
se percató que iba directo hacia él.
Aquí se volvía todo borroso y confuso,
Genma sabía que acudió en auxilio de Soun, pero no recordaba haber llegado, sólo
supo que cuando la luz se empezó a desvanecer, Soun estaba entre sus brazos, con
el pecho brillando, y sólo le alcanzó a decir que cuidara de su familia,
deteniéndosele el corazón segundos después.
A cada secuencia de su recuerdo,
Genma golpeaba con más fuerza, pero cada vez más lento. Lo que ayudaba a que su
adversario comenzara a tomar la iniciativa, primero con leves ataques, dirigidos
principalmente a Genma. Y sin descuidar los veloces golpes de Ranma.
En poco
tiempo, Genma ya no tuvo la suficiente velocidad para ser oponente de la sombra,
y en un descuido, fue duramente golpeado, siendo arrojado por el aire unos
metros lejos, quedando casi inconsciente. Genma, tardo varios minutos en
incorporarse, cuando lo logró, vió de espaldas a su enemigo; se lanzó para
aprovechar esa pequeña oportunidad que se le brindaba. Y le asestó un fuerte
golpe en el cuello, haciéndolo caer de lado, ante la mirada atónita de
Ranma.
Los dos guerreros Saotome miraron al chico, vestido con ropas chinas,
inmóvil y, seguramente, inconsciente. Se preguntaban qué deberían de hacer con
él. Genma le ordenó a Ranma que regresara a casa por unas mantas y sogas, ya
llegaría el momento de contestar a su pregunta.
Akane seguía con la mirada
vacía, hincada cerca del que fuera su padre. Ranma pasó cerca de ella cuando
volvió, haciéndola voltear y descubrir que ellos habían derrotado al asesino de
su padre. Se levantó y siguió a Ranma, muy lentamente y casi cayéndose. Se
detuvo para aclarar su confundida mente, cerro por un instante sus vidriosos
ojos; abriéndolos de repente para ver una estela de luz que provenía del lugar
en donde estaba Genma, ahí, hacia donde se dirigía Ranma.
- Esa luz... no
puede ser... -se decía a sí misma- no puede ser... Lo negaba, pero sabía que lo
era, había visto esa luz antes, era algo más poderoso que una explosión, era un
Ki que explotaba. Ella no se movía de donde estaba parada, súbitamente, vió
salir de en medio de la
luz, a la persona que había matado a su padre, pero
venía cargando dos cuerpos.... eran....
- ¡Ranma! ¡Sr. Saotome!
El hombre
siguió caminando, dejando caer los cuerpos frente a Akane, ya no se podía hacer
nada, estaban muertos. Mientras se llenaban de lágrimas sus ojos, oyó una risa
burlona que se alejaba. Era el fin, para ella y su familia. Se tapó su cara con
sus manos, entre su llanto, exhalaba, con dificultad.
- ¡No es justo! ¡Ranma,
Papá, Sr. Saotome.... -trataba de gritar amargamente.
Nodoka se
sobresaltó, una vez más, Akane convulsionaba, su pasada serenidad ahora eran
gritos, llamaba a su padre, a su prometido y a Genma.
Un gélido frío la
hizo pararse, sus lágrimas, más de coraje e impotencia, que de dolor, le
empañaban la vista. Había visto morir a Ranma, y no pudo hacer nada para
ayudarle, y, quizá, nunca sabría quién fue el osado guerrero que los
atacó.
Todo se había obscurecido, en el lugar donde estuviera el cuerpo de su
padre, ya no había nada. Era de nuevo una obscuridad infinita, como un túnel
obscuro sin fin. Su mirada se aclaro, secándose las lágrimas emprendió la marcha
de nuevo, ¿dónde estaba?, ¿qué fue todo eso que había visto?
Caminó, según
sus estimaciones, durante cerca de 2 horas, y únicamente encontraba a su paso
algunas imágenes flotando de aquí a allá, como fantasmas errantes. Pudiendo
distinguir algunas, vió al Dr. Toufuu, a sus Hermanas, su antigua Escuela
Primaria, se sobresaltó cuando vió a su padre que jugaba con ella como cuando
era pequeña. Se emocionó cuando vió a Ranma por primera vez, cuando llegó a su
casa.
Pero también vió cosas que no entendía, veía a una chica desconocida,
correr hasta perderse en las sombras e inmediatamente aparecía un chico fuerte
con furia en su mirada, veía que una niebla negra caía sobre su casa, y, le
sobresaltó más aún, cuando de repente vio, nuevamente, como moría Ranma y los
demás; y tropezando con lo que parecía ser sus cuerpos sin vida, y de algunos
otros peleadores que no conocía.
Estaba cansada, ya no lloraba, sus ojos
estaban secos y no comprendía qué era todo eso. Se detuvo ante lo que parecía
ser el Ucchan y entró, llamó a Ukyou, pero no recibió respuesta, estaba más
solitario que un cementerio. Se sentó frente a la parrilla, esperando a que
alguien apareciera.
Su coraje era mucho, y no sabía cómo dejarlo fluir.
Sentía que rabia que le asolaba no era producto únicamente de lo que vio, sino
que algo la estaba influenciando. Golpeó un par de veces con el puño cerrado la
barra, gestionando muy quedo, "por qué, qué pasa".
-
¡Akane-chan!
Se sobresaltó al oír su nombre. Quién había sido. Levantó la
vista y buscó, intensamente, con la mirada, alrededor, sin ningún
éxito.
- ¡Akane-chan!
Nuevamente. Ella recordaba esa voz,
pertenecía a una dulce mujer.
- ¿¡Mamá!? -dijo asustada Akane- ¿Eres
tú?
Ahora la reconocía, esa voz parecía la de su madre. Azorada, Akane buscó
el origen de la voz que le llamaba. No la encontraba.
- ¿Mamá! ¿Dónde estás?
-gritó desesperadamente-. Quiero verte.
Sus ojos comenzaron a poblarse
de lágrimas. Pero oyó nuevamente la voz.
- Akane ¿qué pasa, pequeñita? ¿por
qué lloras?
- ¡¡Mamá!!
Akane sintió como emanaba calor de una de las
paredes y corrió para allá, la palpó y sintió como si la abrazaran.
- Mamá
-murmuró débilmente, acurrucándose al pie de la pared.
- Hija, que bueno
verte de nuevo.
No sabía que era todo esto, pero por vez primera, estaba
pasando algo bueno, deseaba ver mucho a su mamá.
- Akane, -continuo la voz-
¿Me escuchas, pequeña?
- Sí, Mamá ¿Dónde estás?
- Lejos, pequeña, muy
lejos. -Titubeo- Pero ahora no vine sólo para visitarte. Vengo a
advertirte.
- ¿Advertirme? -La voz de Akane se había calmado, el calor que la
abrigaba había hecho que volviera a ser la chica decidida y valiente que todos
conocían.
- Sí, Akane. Sé que ya has conocido a tu prometido.
- Así es.
-Dijo Akane, no sabiendo si expresar desprecio, como siempre lo hacía cuando
alguien le recordaba su compromiso arreglado, o ternura, que era lo que sentía
por él.
- Tu padre y yo lo decidimos juntos. Sé que es un buen chico...
-
Aunque un poco tonto... -murmuró quedamente
- Es muy fuerte, pero no más que
tú. Y tú eres su motivación para pelear, sin ti, ya hubiera sido derrotado
antes.
- Pero,... ¿eso es verdad? -interrumpo Akane.
- Sí, mi niña. El
peleará siempre para protegerte. Y tú deberás acompañarle en cada pelea, de
ahora en adelante. Eres una Tendou, experta en artes marciales, debes de pelear
a su lado si quieres estar a su nivel y ser una digna esposa. -Akane se
sonrojo-. No lo dejes pelear solo.
- Pero... pero, soy muy torpe y no soy
bonita...
- Akane, mira en tu corazón, ¿realmente crees lo que acabas de
decir?, o sólo es tu orgullo -Akane se sonrojaba cada vez más, podía engañar a
todos, menos a su madre-. Akane, tú lo amas y él a ti, te lo ha demostrado cada
vez que te rescata -Ella asintió.
- Sí, mamá, pero que significa todo lo que
he visto, esa misteriosa sombra y el Ki que hemos sentido...
- No es más que
la prueba final que les ha impuesto el destino. Eres una Tendou, hija, fuerte y
valiente. Todos lo que te rodean te aman y tú a ellos, ha cambiado a tu vida
desde que llegó Ranma, tienes muchas enemigas, pero también has hecho amigos.
Pelea junto al hombre que amas, juntos serán invencibles. Recuérdalo.... -a cada
palabra, la voz se iba haciendo más y más débil.
- ¿¡Mamá!? -Akane sintió que
el calor se desvanecía.
- Adiós Hija, recuerda...
- ¡Noo, mamá, no te
vayas...! -se separó de la pared y levantó la vista.
- ...recuerda lo que te
he dicho... Sólo recuérdalo y se feliz hija querida...
-
¿¿Akane-chan??
- Si, Mamá, te prometo que haré mi mejor esfuerzo, -Akane
ahogó un sollozo- y amaré a Ranma. -Cerró los ojos y...
-
¡Akane!
Akane abrió los ojos y vió a Nodoka y Kasumi, ambas se veían
preocupadas y cansadas.
- Onee-chan, Sra. Saotome...
- ¡Akane-chan, qué
bueno que ya estás mejor! -dijo Nodoka abrazándola.
Ella no sabía que pasaba,
lo último que recordaba era que Ranma había salido a buscar...
- ¡Oh!,
¡Ranma! -gritó Akane y trató de pararse, pero no lo consiguió, aún estaba
débil.
- Tranquila, Akane. Él está bien, hace una hora que regresó y está con
mi esposo y tu padre...
- Tengo que verlos, -suplicó Akane-. Es urgente.
-
Está bien, pequeña, les iré a decir que ya estás bien y quieres hablar con ellos
-dijo Nodoka al instante que salía de la habitación. Nunca había visto así a
Akane, y por su sobresalto, suponía que era algo importante.
- Akane, ¿En
verdad estás bien? -Preguntó Kasumi, un poco preocupada.
-Sí, Kasumi, pero
necesito hablar con Ranma y los demás. -dijo, mientras se recostaba y trataba de
recordar lo que había soñado.
Nodoka bajó las escaleras precipitadamente,
la expresión de Akane la tenía preocupada, sobre todo la seriedad con que se
dirigió, algo pasaba y, por ahora, era más importante avisarle a su esposo y los
demás, que los buscaba.
Fue inmediatamente a Doujou y
escuchó la voz del anciano maestro. Entró en el Doujou y vió que Ranma ya estaba
recuperado, se acercó y dirigiéndose a todos, dijo...
- Señores,
Akane-chan tiene algo que decirles, y parece importante...
---------------------------FIN DEL CAPITULO
III--------------------
RIKIO-KE - Familia
Rikio
Kamisama - Dios
Mitsuo - Nombre en japonés compuesto por los Kanji
"luz" y "hombre"
Oshino - Nombre en japonés compuesto por los Kanji "secreto"
y "campo"
Konatsu - Nombre en japonés compuesto por los Kanji "pequeño" y
"verano"
Musabetsukakutouryuu - es el estilo de pelea libre
Ojiisan -
Abuelo, una forma cortés de llamar a los mayores
Futon - Cama en la que
duermen los japoneses
Hajimemashite - Mucho gusto
Obaasama - Abuela, una
forma cortés de llamar a los mayores
Okagesamade - Gracias, gracias a Dios y
a todos
Chouchin - Lámpara japonesa
Sonchou - Alcalde de una
aldea
AKANE NO YUME - Sueño de Akane
Onechan - Hermana mayor
Por
fin terminé este capítulo, en verdad me tarde, pues estaba falto de inspiración.
Considero que es un buen capítulo, un tanto aburrido por las historias que se
tuvieron que contar, pero necesario para lo que va a pasar en las partes
siguientes.
Como ven, ya sabemos (más o menos) qué hizo Happosai para que
Rikio se enojara con él, y lo odiara a muerte, ahora es trabajo de Rikio Oshino
el seguir el camino de su padre. Esto se pone interesante, están a punto de
iniciar las batallas y puede que algunos no lo cuenten.
Gracias por leerme,
como siempre espero sus críticas, comentarios y fotos H :p en: akaihata@hotmailcom nos vemos en el
siguiente capítulo.
Akai